Cuando The Atlantic publicó una lista searchable de obras utilizadas para entrenar modelos de lenguaje grandes, el autor Kirk Wallace Johnson encontró sus propios títulos—*The Feather Thief* y *The Fishermen and the Dragon*—en el conjunto de datos. Describe el descubrimiento como un "cóctel" de ira y traición y promtpo contrató a Susman Godfrey, la firma que ya representaba a autores en una demanda contra Anthropic. El caso de Johnson enmarca el movimiento más amplio de creadores que sienten que su propiedad intelectual ha sido sustraída por empresas de inteligencia artificial de forma gratuita.
La ilustradora Sarah Andersen, conocida por el webcómic *Sarah’s Scribbles*, se unió a una demanda colectiva que apunta a Stability AI, Midjourney, DeviantArt y Runway AI. Presentada en enero de 2023, la queja argumenta que las empresas violaron los derechos de autor al entrenar generadores de imágenes con millones de obras de arte no licenciadas, incluyendo las de Andersen. Sus declaraciones públicas caracterizan la infracción como una reducción de una vida de trabajo a un conjunto de patrones algorítmicos.
El músico Sam Kogon lidera una demanda separada contra Google, acusando al gigante tecnológico de incumplir los Términos de servicio de YouTube al utilizar subidas de audio para desarrollar los motores de música Lyria y Producer AI. El equipo legal de Kogon sostiene que Google utilizó el sistema Content ID y los datos de YouTube sin consentimiento, efectivamente regalando las creaciones de los músicos de forma gratuita. Google contraargumenta que sus términos otorgan derechos amplios para reproducir y crear obras derivadas del contenido subido.
La autora Andrea Bartz, cuyas novelas de suspense *We Were Never Here* y *The Spare Room* se encuentran entre las obras que supuestamente fueron utilizadas por Anthropic, también presentó una demanda a través de Susman Godfrey. El caso resultó en un acuerdo de $1.500 millones—el más grande en una disputa por derechos de autor—junto con una orden del tribunal para que Anthropic destruya su colección de libros electrónicos pirateados. Sin embargo, un juez posteriormente dictaminó que el uso de Anthropic de libros comprados legalmente, parte de un proyecto llamado “Project Panama”, calificaba como uso legítimo porque el proceso de entrenamiento era “quintessentialmente transformador”.
Otros creadores, incluyendo al novelista Richard Kadrey, la comediante Sarah Silverman y el escritor Christopher Golden, han demandado a Meta por incorporar sus libros en el modelo Llama sin permiso. Aunque un juez federal desestimó muchas de sus reclamaciones de daño al mercado, las alegaciones restantes de infracción de derechos de autor siguen avanzando en los tribunales.
Los analistas legales señalan que los resultados de estos casos podrían redefinir cómo los desarrolladores de inteligencia artificial obtienen datos de entrenamiento. Hasta ahora, los jueces han mostrado disposición a examinar el alcance del uso legítimo en el contexto del aprendizaje automático, y la opinión pública parece favorecer a los artistas. Sin embargo, muchos creadores siguen inquietos, temiendo que incluso si ganan batallas individuales, el volumen abrumador de contenido generado por inteligencia artificial podría erosionar su capacidad para ganarse la vida.
Este artículo fue escrito con la asistencia de IA.
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