El presidente Donald Trump anunció un retraso en la firma de una orden ejecutiva muy esperada destinada a fortalecer la supervisión gubernamental de los modelos de inteligencia artificial antes de que sean lanzados al público. La decisión, que se hizo pública en una rueda de prensa en la Casa Blanca el 21 de mayo de 2026, se presentó como una respuesta a un lenguaje específico en el borrador que él sintió que podría obstaculizar la ventaja competitiva de Estados Unidos en el desarrollo de IA.
"No me gustaron ciertos aspectos de ella", dijo Trump a los reporteros. "Estamos liderando a China, estamos liderando a todos, y no quiero hacer nada que se interponga en el camino de ese liderazgo". El comentario subrayó una preocupación más amplia de que las medidas regulatorias podrían frenar el ritmo de innovación de la nación, especialmente cuando los rivales en el extranjero aceleran sus propios programas de IA.
Según varios informes, un factor adicionales, no confirmado, contribuyó al retraso: la falta de ejecutivos senior de tecnología que pudieran reunirse con la administración con poca antelación. Las fuentes dijeron que varios CEOs de empresas de IA líderes no pudieron viajar a Washington, D.C. para las reuniones que la implementación de la orden probablemente requeriría.
El borrador de la orden ejecutiva habría asignado a la Oficina del Director Nacional de Ciberseguridad, junto con otras agencias federales, la tarea de desarrollar un proceso sistemático para evaluar los modelos de IA en busca de vulnerabilidades de seguridad antes de que lleguen al mercado. Los legisladores y observadores de la industria han advertido durante mucho tiempo que los lanzamientos de IA no controlados podrían exponer la infraestructura crítica a nuevas formas de ataques digitales.
El momento de la propuesta de la orden coincide con una creciente alarma sobre dos lanzamientos de IA recientes. El nuevo modelo de Anthropic, Mythos, y el GPT-5.5 Cyber de OpenAI han demostrado una capacidad inquietante para localizar y explotar fallos de software a una velocidad que supera las pruebas de seguridad tradicionales. Ambos modelos han generado un debate sobre las responsabilidades de los desarrolladores para garantizar que las capacidades poderosas no caigan en manos de actores maliciosos.
Una de las disposiciones más controvertidas del borrador requiere que las empresas de IA compartan versiones avanzadas de sus modelos con el gobierno entre 14 y 90 días antes del lanzamiento público. Los críticos argumentan que tal requisito podría revelar tecnología propiedad y dar a la administración un veto de facto sobre nuevos productos. Los partidarios mantienen que el acceso temprano es esencial para la evaluación de riesgos preventiva.
La hesitación de Trump parece estar arraigada en la creencia de que el lenguaje que rodea este requisito de compartición podría convertirse en un "obstáculo" para la posición de liderazgo de Estados Unidos. Advirtió que un enfoque demasiado agresivo podría desanimar la innovación o empujar el desarrollo de IA al extranjero, donde existen menos restricciones.
El retraso deja el panorama de políticas en flujo. Los líderes de la industria están observando de cerca cualquier revisión que pueda equilibrar las preocupaciones de seguridad con la necesidad de un avance rápido. Mientras tanto, los funcionarios federales no han indicado una nueva fecha objetivo para firmar la orden, lo que deja los próximos pasos inciertos.
Este artículo fue escrito con la asistencia de IA.
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